Circo sin Animales 2. Sinaloa, los Atayde y Madero.

Por Milton Rojo.

El espectáculo parecía un grabado de Dalí o una escena de filmación de David Lynch o Stanley Kubrick. Por la mañana llegó el circo Atayde a Culiacán, cómo bien sabemos en nuestra ciudad está prohibido -por alguna razón- que los circos exhiban animales en sus funciones, hábiles los Atayde hicieron su desfile con animales de plástico, camellos, elefantes y demás fauna inmóviles, no parpadeaban, era un mensaje de los cirqueros: “Estoy en contra de tu ley pero la obedeceré, pero no puedo estar en contra de la costumbre de un pueblo”.

Si en nuestro Estado hubiese conciencia de historia política, tendríamos que honrar a los Atayde la deuda de historia que cómo pueblo tenemos con ellos y, no es por entretenernos y hacernos reír cómo siempre lo han sabido hacer o hacernos pasar ratos felices, la deuda de los sinaloenses con los Atayde reside en un capitulo de la Revolución Mexicana en el apartado de la democracia:

Hace 104 años, el 2 de enero de 1910, resulta ser que llegó a Mazatlán Don Francisco I. Madero, fue recibido por Heriberto Frías, vino a fundar el club Antireeleccionista, que era algo así cómo un partido político antiporfirista, obviamente la autoridad local -que era porfirista- no se le permitió que hiciera acto público a pesar que miles de sinaloenses querían estar con el “apóstol de la democracia”, fue un cirquero “liberal de cepa” de la familia de los Atayde el que abrió las puertas de la carpa Atayde para que Francisco I. Madero fundara el club antireeleccionista en Sinaloa ante 2 mil almas y el resto es historia.

Esa vez, los Atayde renunciaron a dar la función para que Francisco I. Madero hiciera política, hoy  por culpa de ejercer un descuidado enfoque de la política a los Atayde no se les permiten exhibir animales.

A la misma carpa cirquera por la que entró la democracia a Sinaloa en  1910 en el  2014 no se le permite su derecho de exhibir animales sólo por congraciarse con una minoría ¿Es justo?

Cómo lo dije en mi post anterior, no estoy a favor ni en contra de los circos sin animales, estoy en contra de ejercer la política del “Ahí se va” y que se dejen llevar por enfoques de tal o cual organización “protectora de animales”, primero, debieron de haberse informado de tal o cual asociación y su ética. Sin nombres. Existe una asociación mundial “pro-defensa de animales” que celebró que en Culiacán se prohibieran los circos con animales, sólo cómo dato esa misma asociación está acusada y comprobada de “asesinar” sí, leyó bien, asesinar animales en sus refugios. Si estoy a favor que las autoridades correspondientes revisen periódicamente, semanal o diariamente los circos y se le renueve el permiso semanalmente o cómo la autoridad lo permita y actué contra el maltrato animal.

Esas asociaciones con el respeto que merecen antes de ver la paja en el ojo de los circos, deberían de verse las vigas que tienen en sus ojos.  ¿Que interés oculto hay de estas asociaciones contra una costumbre milenario cómo el circo? ¡Aguas!

También estoy en contra de que nos vuelvan una ciudadanía “sin chiste”, “sin azúcar”.  Que poco a poco y por no saber ejercer nuestros derechos nos vayan quitando hasta el derecho a soñar.

Bien decía San Agustín: “toda ley injusta no es ley y hay derecho a resistirse”. Eso es defender a la política de los malos ejercicios y de los abusos.

Termino con una frase: “Al final, uno tiene derecho a cambiar de opinión”. La escribió Felipe Gonzalez, en su libro “En busca de respuestas”. Duró más de 13 años cómo Presidente del Gobierno de España y algo le sabe a la política, sabe tanto que lo explica muy bien.

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