House of Cards ¿Entretenimiento reflexivo?

En el día del Amor y la Amistad, Netflix, sacó la segunda temporada de su serie más exitosa: House of Cards. No sólo es una serie televisiva sobre política americana, es un manual de cómo se interpreta, aplica y ejerce el poder para prevalecer en Estados Unidos, mientras en nuestro país la política se debate en las cámaras, al igual que la serie.

House of Cards es la historia del Congresista Frank Underwood, es un animal politico. En la administración del Presidente no fue llamado a ser Secretario de Estado,  fue deshechado y lo chamaquearon, diciendole: “Te ocupamos en el congreso”. Underwood le juró lealtad al Presidente, pero le metió en problemas a su nominado a Secretario de Estado y pasó la Ley de Educación que él quiso. En la segunda temporada es juramentado Vicepresidente.

La trama gringa muestra cómo al igual que en la política mexicana, busca un sólo lugar y no es la silla presidencial: sino ser el número uno en la cadena alimenticia del poder. Todo se vale y llega el que se anima. Ya que cómo se muestra en la trama el paradigma en donde se mueve la política: ¿Cazar o ser Cazado? he ahí el dilema, lo más cercano a este apotegma es la vieja sentencia de Martín Luis Guzman en la “Sombra del Caudillo”: en la política mexicana sólo se conjuga un verbo: madrugar.

Para quien inicie en la política o es practicante de ella, House of Cards, es un entretenimiento didáctico, aunque también reflexivo… Mientras tanto, la recomiendo… no tiene desperdicio, es un thriller político impactante… igual que la política en nuestro país.

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